Google y el Derecho al Olvido

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 Cuando pienso en el “Derecho al Olvido” me viene inevitablemente a la cabeza el gran éxito de Mecano con el que creció mi generación …me cuesta tanto olvidarte…  Palabras que bien podríamos poner hoy en boca de Google y del resto de gestores de motores de búsqueda de Internet que dirijan sus servicios al público europeo, tras la mediática y trascendente Sentencia sobre el denominado “Derecho al Olvido” publicada ayer por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en el caso Google (Google Spain S.L. y Google Inc. contra la Agencia Española de Protección de Datos y Mario Costeja González).

¿Qué es el “Derecho al Olvido”?

¿Y cómo se aplica al ámbito digital, donde millones de datos e informaciones de carácter personal (imágenes, textos, vídeos, noticias e incluso rumores) se procesan, almacenan, comparten, agregan e indexan de forma cada vez más rápida, sencilla y barata?

¿Olvidar es borrar, cancelar, bloquear o “desindexar”?

El “Derecho al Olvido” y el olvido en sí, conceptualmente, es algo complejo, que cuesta definir, articular y, por ende, aplicar al entorno digital. Al menos, a mí me cuesta, dado el entresijo de derechos fundamentales y otros derechos no tan fundamentales – a veces incluso “derechos comerciales”- que toca, que exigen una reflexión en condiciones sobre cómo deseamos que éstos sean gestionados en un futuro inmediato.

Nada en comparación con lo que le va a costar a Google atender las peticiones de ciudadanos europeos que deseen que determinada información relativa a sus personas deje de estar a disposición del público en general, incluida en una lista de resultados de búsqueda. ¡A provisionar se ha dicho!

Porque lo que el TJUE ha dictaminado en el día de ayer- entre otras cosas- es quién tiene que “olvidar“, cuándo un ciudadano europeo puede pedir a un buscador que “le olvide”, y en qué casos dicho “olvido” resultaría procedente. Con esta Sentencia histórica, como la tildan algunos, el alto Tribunal ha dado prevalencia a los derechos fundamentales del individuo (respeto a la vida privada y protección de datos personales) frente al interés económico, en este caso, del buscador, al entender que el ofrecimiento por éste, a cualquier internauta, de resultados de búsqueda conteniendo la información estructurada existente en Internet sobre un individuo, cuya interconexión hubiera sido imposible o muy improbable sin la intervención de dicho motor, “puede afectar potencialmente a una multitud de aspectos de relativos a su vida privada” y suponer – en consecuencia- una injerencia sustancial en la misma, la cual se podría ver multiplicada gracias al carácter global, inmediato y ubicuo de Internet.

¿Nos lo esperábamos?

En absoluto, pues la Sentencia contradice lo manifestado en sus Conclusiones por el Abogado General Niilo Jääskinen el pasado junio, lo que no es habitual. Grata sorpresa.

¿Por qué es importante?.

  • Porque como decía el Abogado General en sus Conclusiones, es la sentencia del TJUE más relevante sobre Protección de Datos e Internet tras el caso Lindqvist, (aunque éste versaba sobre el proceder de una humilde señora; no de un gigante como Google).  Cuando nació la Directiva europea en materia de protección de datos (año 1995), los motores de búsqueda vestían pañales y, salvo contados visionarios, nadie esperaba su vertiginosa evolución, implantación y desarrollo. Necesitábamos una interpretación más ajustada a la realidad.
  • Porque sienta las bases para desencallar el debate a nivel europeo sobre dos aspectos altamente controvertidos del tan “enmendado” y esperado Reglamento de Protección de Datos: cuándo se ha de aplicar la norma europea,- y aquí por ende, la española-, así como sobre el alcance y configuración del denominado “Right to be forgotten” o “Derecho al Olvido” el cual, valga la redundancia, últimamente parecía algo”olvidado”. Read more

Carmen Casado Ticmotions

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