Crónicas ENATIC.

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El pasado 21 de Febrero tuve la oportunidad de asistir en Madrid al Congreso Internacional de Derecho Digital 2014, organizado por ENATIC, asociación de la que formo parte. Una oportunidad única para saludar a compañeros y amigos, desvirtualizar y poner cara a muchos grandes de la profesión y disfrutar- entre risas- de la energía sideral del gran Chewbacca en la entrega de premios.

Agradecer desde aquí el esfuerzo de mis compañeros, quienes han montado un Congreso para nuestro disfrute y regocijo, en el que hemos podido debatir -desde muy distintas vertientes- sobre el cambio que nos está tocando vivir. Ciberdelitos, seguridad de la información, privacidad, derechos fundamentales, neutralidad de la red así como los siempre “silenciosos” aspectos económicos y los “paraluego” aspectos éticos. Ello gracias al dedicado y entusiasta discurso de los ponentes, todos ellos profesionales de reconocido prestigio, quienes nos hicieron vibrar al verbalizar, con gran acierto, numerosas reflexiones sobre el estado actual del derecho y la tecnología, así como los grandes retos a los que con ello nos enfrentamos, primero como sociedad y después como abogados.

La solemnidad y especialidad del acto – inaugurada por el Secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información – así como por nuestro presidente Rodolfo Tesone, bien pudiera haber ido acompañada de la espada láser (real) creada por el MIT y el equipo de físicos de la Universidad de Harvard evocando a la mítica saga Star Wars, aunque de lo que allí se habló, pese a parecer futurista e incluso a veces, ciencia ficción, no fue otra cosa que nuestra más absoluta realidad.

¿Disruptivo?

Por supuesto. La tecnología, a diferencia del derecho, que la sigue con un enorme y pesado bastón, es disruptiva. ¿Cómo afrontarlo? Pues como sugería Ramsés Gallego en un inspirador y brillante discurso- evocando a personajes tan dispares como Wayne Gretzki (jugador de hockey sobre hielo), Darwin y al maestro Bob Dylan: patinando. Patinando “hacia donde estará el disco, no hacia donde ha estado”, como hacía Gretzki. Hemos de saber adaptarnos a la nueva realidad, como siempre lo hemos hecho, pues “las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio” (Darwin). Cause “you better start swimmin or you´ll sink like a Stone, for the times they are a-changin’ (Dylan).

Ello implica la necesidad de tender puentes entre ambas disciplinas, como acertadamente expuso Xavier Ribas, quien – como buen catalán – se puso serio y nos habló de dinero. Y ello pese a que el concepto emulsionado de Derecho y Tecnología- al menos de momento- no sea la gallina de los huevos de oro, ni nos esté reportando –aparentemente- los beneficios económicos que sí aportan otras disciplinas del derecho (en alusión a la reciente operación de adquisición de Whatsapp por Facebook).

Big Data, Internet of Things y sus aspectos éticos así como el balance que necesariamente hemos de saber encontrar entre los derechos fundamentales y la arrolladora velocidad de la tecnología fueron puestos de manifiesto por Noemí Brito, quien nos recordó cuestiones tan básicas como aparentemente descuidadas, especialmente a la vista de los últimos movimientos legislativos y jurisprudenciales: la propiedad intelectual no es un derecho fundamental, como sí lo son el derecho a la protección de datos de carácter personal, el derecho al honor, intimidad personal y propia imagen, y el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de información.

En resumen, un Congreso en el que debatimos entre muchos otros, con Oscar Casado (que no es mi primo) sobre el consentimiento en Internet y su necesaria y urgente evolución; con Elvira Tejada sobre el cibercrimen y su apabullante incremento, pese a ser muy pocos los que denuncian; con Antonio Ramos sobre la seguridad y las herramientas de las que disponemos para velar por ella, al ser ya inmune a nuestras “espadas láser” físicas y lógicas. Ramos puso de manifiesto la necesidad de evolucionar en el concepto de seguridad, aunque sin desvirtuarlo. Porque “el concepto es el concepto”, como Borja Adsuara apuntaba, evocando al entrañable Manquiña – galleguiño como yo- en la mítica “Airbag”, y necesita ahora más que nunca, para evolucionar, un replanteo; replanteo que ha de pasar necesariamente por el back to basis que tan acertadamente sugirió Rafael García del Poyo.

Y eso fue todo amigos.

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Carmen Casado Ticmotions

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